Cuando el domingo por la noche saltaron las alarmas en varias regiones de Israel por el lanzamiento de misiles iraníes, pocos pensaron en el cannabis. Sin embargo, en un mundo donde la geopolítica y las drogas llevan décadas entrelazadas, este conflicto tiene consecuencias directas sobre el mercado cannábico de Oriente Medio.
Israel es hoy una potencia mundial en investigación y producción de cannabis medicinal. Desde que empezó a regular su uso terapéutico en los años 90, el país ha desarrollado variedades únicas y un sistema de cultivo altamente tecnológico. Empresas como Tikun Olam o Breath of Life exportan flores y extractos a Europa, Norteamérica y Australia. Pero la inestabilidad en la región siempre ha sido una sombra.
Irán: historia de hachís y prohibición
Al otro lado de la frontera, Irán tiene una larga tradición de consumo de hachís. Durante siglos, las rutas de la seda llevaban resina de cannabis desde el Hindu Kush hasta Persia. Hoy, a pesar de las duras penas –que pueden incluir la ejecución–, el país sigue siendo un productor importante de hachís ilegal, especialmente en las provincias de Kermán y Khorasan. La Guardia Revolucionaria controla buena parte del tráfico, y el dinero de la droga financia grupos como Hezbolá, enfrentado directamente a Israel.

El conflicto como disruptor
Cada vez que las tensiones suben, las rutas de contrabando se cortan. El ataque iraní del pasado fin de semana obligó a cerrar el espacio aéreo israelí durante horas. Eso afectó a los envíos de cannabis medicinal hacia Europa: vuelos cancelados, retrasos en aduanas, clientes enfadados. Para los productores legales, la incertidumbre es un coste enorme.
Además, la escalada militar suele ir acompañada de una mayor represión interna. En Irán, tras los ataques, se incrementaron los controles en las carreteras y las redadas contra traficantes. Muchos cultivadores pequeños han tenido que paralizar sus operaciones. Y en el lado israelí, el gobierno ha redoblado la vigilancia en los puestos fronterizos con Jordania, por donde entra buena parte del hachís libanés.
¿Puede el cannabis ser un puente de paz?
Suena utópico, pero no del todo. Durante la guerra civil libanesa, las facciones enfrentadas mantuvieron un pacto no escrito para no atacar los campos de cannabis del valle de la Bekaa. Era el único negocio que funcionaba. Hoy, algunos analistas sugieren que el comercio de cannabis podría servir como herramienta de distensión. Si Israel e Irán normalizaran sus relaciones –algo que parece lejano–, el intercambio de tecnología agrícola israelí por materia prima iraní podría ser beneficioso para ambos.
De momento, la realidad es otra. El conflicto alimenta el mercado negro y dificulta la regulación. Mientras los misiles sigan cayendo, el cannabis en Oriente Medio seguirá siendo un arma más que una medicina.

